No hay poesía en la boca
y se recuesta el agua imposible en mi esencia.
No hay sueños, no hay luces,
no hay viernes líquidos que aflojan mi mueca de ausente.
Tramo tu adiós fugaz,
lo trenzo en mi lágrima funesta
como el ayer,
como el brillo,
como el azul.
Y rodeo, le sonrío a la soledad,
merodeo su lecho de río
que ofrece inexorable su trece de humo,
su sonido a café.
Me arrastro en la sonrisa tuya,
atrapo endorfina del viento chispeante.
Y jadea,
se estremece mi cabello absorto en tu hombro.
Campos, lluvia, sexo, voces!
Se acrisolan mis versos en el bolsillo antiguo,
se almacenan mañanas plásticas
que gritan su melancolía,
su sed, mi porvenir.
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